Mil pequeñas represas andinas

Mil pequeñas represas andinas
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Una solución efectiva, práctica y previsora para disponer a futuro de suficiente agua.

El Cambio Climático está provocando períodos de sequía año a año más prolongados acercándonos cada vez más a una dramática escasez mundial de agua que puede llegar a hacer peligrar la supervivencia de la población en el planeta desencadenando atroces guerras por la obtención de esta.

Para Chile no todo es negativo en un escenario de esta naturaleza si somos previsores y comenzamos con tiempo a tomar las medidas necesarias. Una de ellas dice relación con las enormes cantidades de aguas, se habla de 80-85 % de la suma de los caudales de nuestros ríos, que cada año escurren desde nuestras altas cumbres, perdiéndose en el mar sin ser utilizadas.

Somos un país privilegiado al disponer de una cordillera de Los Andes altísima, que representa alrededor del 20% de la superficie total del país, la cual en invierno se cubre de blanco con capa tras capa de nieve y en la cual además tenemos cientos de glaciares. Estas nieves se derriten en primavera y, al igual que las lluvias de invierno, forman miles de esteros y ríos que bajan torrentosamente al Valle Central para seguir, sin parar su camino, hasta el Océano Pacifico.

Estos enormes excedentes de caudales que año a año se pierden sin ningún uso, deben ser acumulados en esos días húmedos para poder ser utilizados en días o períodos secos, de escasez de estos.

Hasta el momento se ha recurrido a la construcción de unos pocos grandes embalses en el Valle Central, los cuales inundan fértiles tierras aptas para agricultura, fruticultura o forestales, no son ecológicamente fáciles de aceptar por la población y son de enorme costo para el erario nacional.

Una solución simple, efectiva y de bajo costo para el estado sería incentivar a los particulares (mediante subsidios y/o créditos blandos, eliminando las incertidumbres sobre derecho de propiedad de las aguas, reduciendo y simplificando las trabas administrativas, etc.) a que construyan en cada estero o río que baja desde las alturas de nuestra cordillera andina o de la costa, uno o más tranques o pequeñas represas.

Para que ello sea realmente interesante para un inversionista, debería promoverse la instalación de una pequeña planta de generación hidroeléctrica en cada represa, la cual le produciría ingresos que harían la inversión rentable.

 

Se lograría de esta forma disponer de miles de represas en nuestro país.

Acumularíamos así millones de metros cúbicos de agua para asegurar el suministro de agua de riego y potable a las generaciones futuras y para implementar la muy interesante idea de una “Carretera Hídrica” que lleve agua de zonas de abundancia en el sur a zonas de escasez más al norte.

Aguas abajo, por simple gravedad, dispondríamos de agua para combatir la destrucción de nuestros bosques praderas y poblados, debido a terribles incendios como los ocurridos en los veranos de los últimos años y el actual, así como para aumentar sustancialmente nuestra superficie de riego y nuestros cultivos, frutales, viñas, hortalizas, siembras de granos, etc. y transformar a Chile en una verdadera y gran “potencia agrícola”.

De paso, generaríamos energía eléctrica ecológica, limpia, sustentable, muy necesaria para el desarrollo industrial y minero del país, para la iluminación de nuestros pueblos y ciudades y para atender el fuerte aumento de demanda eléctrica que viene con la llegada masiva en los próximos años de autos y sistemas de transporte eléctricos.

Pequeñas represas en la cordillera de Los Andes no ocupan grandes extensiones de tierras fértiles del Valle Central, no son dañinas al medio ambiente, ni a la flora, ni a la fauna. Tienen un costo ecológico muy acotado porque inundarían sólo los lechos de estos torrentes y quebradas, constituidos por piedras y rocas ya lavadas durante siglos por la fuerza de los mismos, siendo el beneficio de poder disponer de abundante agua infinitamente mayor: significa enorme bienestar y, si el cambio climático continúa provocando períodos de sequía cada vez más extremos, significará también VIDA para las generaciones futuras.

Cómo detectar los lugares más apropiados para construir estas mil represas.

Desde la promulgación de las Leyes Corta I y II que incentivó el desarrollo de proyectos de energías renovables en Chile, muchos inversionistas solicitaron derechos de aguas no consuntivos apropiados para construir plantas generadoras hidroeléctricas pequeñas y medianas, así como también lo hicieron algunos especuladores.

A los especuladores este negocio ya no les es rentable debido a que la mayoría de estos derechos no se han podido concretar en generadoras por resultar excesivamente costosa su implementación debido a la necesidad de construir caminos de acceso y tendidos eléctricos para poder evacuar la energía hasta las redes de alta tensión que la llevan a los centros de consumo.

Se suma actualmente un precio muy bajo de la energía que no permite que estos proyectos sean económicamente rentables y la nula disponibilidad de los bancos, debido a esto mismo, para financiar estas plantas. Todo ello ha llevado a que cientos de patentes por no uso de las aguas concedidas no se estén pagando. Tiene ahí la Dirección General de Aguas del Ministerio de Obras Públicas en consecuencia la información de derechos ya concedidos, elegidos por particulares para el desarrollo de plantas hidroeléctricas, que se podría permitir a sus actuales propietarios desarrollarlos con represas o devolverlos sin costo al Estado. Aquellos que sean devueltos deberían licitarse inmediatamente a inversionistas interesados en desarrollar pequeñas represas con plantas generadoras hidroeléctricas. Sería necesario buscar fuentes de financiamiento apropiado, a 20 o más años plazo, con tasas de interés realmente bajas, garantizándoles un precio mínimo por la energía y construyéndoles o mejorando, donde ello sea necesario, los caminos de acceso y las líneas de evacuación de la energía requeridas. De esta forma se solucionaría de una manera positiva el problema de las patentes no pagas transformando estos derechos en un tremendo activo para el país al acumular millones de metros cúbicos de agua indispensables para las generaciones futuras.

En este mismo sentido se puede actuar también con los Derechos de Aguas de las Asociaciones de Canalistas así como con las pequeñas generadoras hidroeléctricas ya funcionando en el país, las cuales, si pueden adicionar un pequeño embalse, podrán regular en mucho mejor forma su producción y adecuarla a las necesidades del momento, lográndose de esa forma una mayor eficiencia en la utilización de este invaluable recurso.

Ventajas adicionales de disponer de miles de represas.

Una ventaja adicional de disponer de miles de pequeñas o medianas represas, idealmente la gran mayoría con plantas generadoras de electricidad estaría en que se podría sustituir la quema de nuestras mejores maderas para calefacción y cocinar en el sur, productoras de humo altamente contaminante, por calefacción y cocinas ecológicas, no contaminantes, en base a electricidad.

Otra, de orden estratégico, estaría en el hecho que, en caso de terremotos, erupciones volcánicas o cualquier otro tipo de cataclismo natural o guerra es muy difícil, habiendo miles, que todas resulten destruidas a la vez. Los daños serían menores, solo unas pocas, y siempre quedaría la inmensa mayoría operativas.

En caso de producirse aluviones estas pequeñas represas servirían de contención a la furia y efectos dañinos de los mismos evitando la destrucción de viviendas, industrias, puentes, obras de arte, plantaciones de frutales, etc., y la pérdida de vidas humanas y animales.

Energía generada en lugares apartados, en los extremos de las redes eléctricas, en forma distribuida, permitiría el desarrollo de industrias artesanales, talleres, elaboración de productos agrícolas como la leche, mermeladas, conservas, etc., así como hotelería, cabañas, turismo, mejorando la calidad de vida de esos lugareños.

Es además un hecho cierto que cada vez que ocurre una catástrofe natural se corta, en la zona de ocurrencia, el suministro de electricidad por períodos que pueden llegar a ser de varios días, dañando alimentos y dejando sin suministro a servicios fundamentales como hospitales, plantas de agua potable y servidas, bomberos, policía, colegios, oficinas gubernamentales, etc. Por lo tanto, si además se incentiva y/o subsidia que estas pequeñas plantas generadoras puedan operar en modo “Isla”, es decir independientemente de la red, lo que tiene un pequeño costo adicional de implementación, se podría lograr que en pueblos o ciudades ubicadas en las cercanías de cada pequeña planta los servicios más importantes sigan recibiendo suministro de energía y agua, aunque en otras zonas o en el resto del país no la haya.

Si a cada pequeña represa se le agrega, como sugerido, una pequeña planta de generación de electricidad a la salida de la misma o aguas abajo, se requerirán cientos de compuertas, turbinas, generadores, transformadores, válvulas, etc. que harían muy interesante y factible desarrollar en Chile una industria de alta tecnología productora de los mismos, lo que generaría miles de empleos de real calidad. Además, se necesitarán miles de metros de conductores eléctricos y de tuberías, toneladas de cemento y otros insumos, así como obra de mano calificada para la construcción de caminos, puentes, casas de máquinas, obras civiles, etc. ¡El efecto multiplicador sobre la creación de empleo de calidad sería enorme!

La creciente escasez de agua se puede transformar en una situación dramática e irreversible en cualquier momento y no debe encontrarnos desprevenidos. Es por lo tanto indispensable ser previsores, adelantarse a los hechos, y comenzar a implementar las  “Mil Pequeñas Represas”  aquí propuestas a la brevedad.

 

Rolf Eduardo Fiebig Zarges ,

Ingeniero Civil Industrial UdCh., 

1 Comment

  1. Sergio Araya

    Es una excelente idea. ¿Porqué no ha tenido aceptación en los distintos gobiernos?