Otra Economía: Desarrollo sin Crecimiento

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El primer punto para establecer es que teniendo a la vista el deterioro irreversible de los ecosistemas del planeta y el agotamiento de los recursos no renovables, resulta muy claro que el crecimiento económico permanente, es el problema y no la solución de los males que nos aquejan.

Para la gran mayoría de las personas, la crisis ecológica es una cuestión técnica y despolitizada que deben solucionar los expertos. Pero una lucha eficaz para mitigar los efectos de la difícil situación que enfrentamos requiere afrontarla políticamente y cuestionar algunas creencias totalmente erradas. Se aprecia una gran negación colectiva al hecho irrefutable que el crecimiento perpetuo es imposible en un planeta finito, confiando en los errados discursos económicos y políticos que nos tienen convencidos que el crecimiento y la competencia siempre son buenos, y que la tecnología y los expertos en economía son capaces de arreglar cualquier dificultad incluyendo una imposibilidad lógica.

Mediante la aplicación de los principios de la termodinámica, que los ingenieros estudiamos solamente para analizar el comportamiento de las máquinas térmicas, es posible dejar claro que el crecimiento perpetuo de la producción no es físicamente viable por el agotamiento de los recursos y la destrucción de los ecosistemas. La termodinámica establece que siempre que se utiliza energía, parte de ella se aprovecha para los objetivos propuestos y otra parte se disipa como residuo inutilizable en el ambiente. Esta es la razón del permanente aumento de la contaminación ambiental. Ciertamente, la contaminación ambiental es la suma de toda la materia energía disponible en el mundo, que ha sido transformada a no disponible o inservible.

Por otra parte, solo se requiere la lógica elemental para asentar la imposibilidad evidente del crecimiento ilimitado en un planeta limitado. Sin embargo, el absurdo se impone y consumimos como desquiciados, bienes superfluos a la sustentación de la vida, despojando a las generaciones futuras (nuestros propios descendientes) de la posibilidad de sustentar la suya.

Es importante tener presente que el crecimiento económico permanente obedece una ley exponencial. El PIB global se ha multiplicado 6,6 veces entre 1961 y 2011, lo que significa un crecimiento anual promedio de 3,85% en ese periodo. A esa misma tasa el consumo y la producción se duplicarían en 18 años. Preguntémonos si se podría duplicar la producción de todo (acero, cemento, plásticos, vehículos de transporte, celulares, construcciones, carne, pescados, productos agrícolas, y numerosos etcéteras) sin causar un daño ecológico irreversible y explosivo de consecuencias incalculables. No ver la imposibilidad del crecimiento material continuo refleja la ceguera a que nos ha llevado la consumo-adicción.

El sistema económico vigente ha provocado la insensatez colectiva que sigue persiguiendo el crecimiento continuo de las economías, ignorando la evidencia de que los recursos no renovables se están agotando y que los residuos de la creciente producción material ya son inmanejables. Aquí intentamos explicar las razones de esta insensatez.

Para desplazar el paradigma del crecimiento hay mucho trabajo por hacer; pero podríamos comenzar por abolir el uso del PIB como indicador de progreso. El PIB se define como el conjunto de todos los bienes y servicios finales producidos en un país durante un año; y se utiliza habitualmente como medida del grado de bienestar de la población de un país, confundiendo a la ciudadanía al asimilar el concepto “estándar de vida” con el nivel de consumo y la “calidad de vida” con la cantidad de dinero que podemos gastar y acumular.

El PIB es un indicador engañoso porque bienestar no es sinónimo de mayor producción y porque no distingue entre producción necesaria y superflua, contaminante o limpia; es decir, solo mide el valor monetario de la producción de bienes y servicios finales sin discernir sobre la sustentabilidad de esa producción. Deberemos dejar de usar el PIB como un indicador políticamente relevante y buscar otros indicadores de prosperidad, aunque no necesariamente serán numéricos puesto que la prosperidad y la felicidad es muy probable que no puedan ser medidas cuantitativamente.

Puesto que crecimiento económico continuo y desarrollo sustentable son incompatibles, el crecimiento no es la forma de superar la pobreza, como la teoría económica vigente ha venido sosteniendo, logrando poco de su objetivo, pero aumentando la desigualdad de manera que ya se hace insoportable. Ahora bien, si la torta no crece, es imperativo distribuirla de manera más equitativa. Este tema se discute también en esta presentación.

Ha llegado la hora de aceptar que la sociedad del crecimiento ha alcanzado su límite físico; y que ahora es imperativo crear un concepto de suficiente, para terminar con la cultura que siempre demanda más y más mercancías; y para entender que el hecho de tener más mercancías no va a mejorar nuestra calidad de vida, sino todo lo contrario. Pues la calidad de vida está íntimamente ligada con la calidad del medioambiente, que hoy evidencia un acelerado deterioro provocado por el crecimiento demencial de la producción. El concepto suficiente tendrá que relacionarse tanto con que nadie quede sin el mínimo necesario y digno, como con no sobrepasar la biocapacidad presente y futura de los ecosistemas. Una vez que se ha superado un cierto umbral de privación ya es lícito definir lo suficiente y acotar el crecimiento a las restricciones que impone la realidad medioambiental y los requerimientos de las generaciones futuras.

El afán del crecimiento nos ha hecho eludir el tronco del problema. Hemos ido por las ramas al concentrarnos primeramente en reemplazar los contaminantes combustibles fósiles; en lugar de atender prioritariamente el tema de fondo, que es el crecimiento económico perpetuo, que demanda crecientes niveles de extracción, producción y consumo, en un planeta ecológicamente sobrepasado.

El nuevo sistema económico global tendrá que apuntar al bienestar de todas las personas y reducir la huella ecológica que nos ahoga. Estos objetivos no son contradictorios puesto que el bienestar humano depende de la calidad de los ecosistemas. El decrecimiento de la producción material no es incompatible con altos niveles de bienestar.

El problema medioambiental solo se solucionará con un cambio importante en el sistema económico, entendiendo que el ‘desarrollo verde’ solo es posible en la medida que se acompañe del decrecimiento de la producción material.

Se hace necesario separar los conceptos ‘crecimiento’ y ‘desarrollo’, que equivocadamente se los considera sinónimos. Pero puesto que crecimiento continuo y desarrollo sustentable son incompatibles en un planeta finito, es necesario concebir un desarrollo sin crecimiento porque en el mundo que conocemos nada crece para siempre.

 

Rodrigo García Pizarro

Ingeniero Civil U. de Ch.

Otra Economía: Desarrollo sin Crecimiento

Ing. Rodrigo García Pizarro